miércoles, 29 de junio de 2011

Romina Manguel

Romina Manguel autora del libro "Yo te avisé", la literatura que interesa y sus autores son "Puntos de Partida"

 

martes, 28 de junio de 2011

Dr. Alfredo Miroli

Entrevistamos al Dr. Alfredo Miroli, sobre su charla "Vivir sin Drogas" y las adicciones.
Las notas y los temas que interesan, como "Puntos de Partida"

Homeopatía

En "Puntos de Partida" abrimos el debate sobre la Homeopatía.

La entrevista con el Dr. Mario Drainman, con una mirada a favor de Homeopatía:



Y la entrevista con el periodista científico Alejandro Borgo posicionado en contra de la Homeopatía.




Todas las voces, todas las miradas como "Puntos de Partida"

sábado, 25 de junio de 2011

De libros, ciencia ficción y realidad




En 1951, Isaac Asimov escribió un cuentito encantador que se llamaba “¡Cómo se divertían!”. La acción transcurre en el año 2157 y habla sobre chicos en edad escolar. Asimov imaginó que para esa época ya no se asistiría a la escuela sino que a través de las computadoras domésticas, los chicos recibirían clases, harían sus prácticas y leerían en pantalla, almacenando millones de textos en un chip. La escuela como edificio e institución habría dejado de existir y los libros serían materia del pasado.  Uno de los personajes muestra el libro de un abuelo, un ejemplar de hojas amarillentas y quebradizas. Los chicos de esta historia creen que una vez leidos, los libros se tiraban a la basura. La historia termina con la protagonista pensando cómo se divertían esos chicos que iban todos juntos a una escuela a aprender, y leían libros de papel … y los guardaban en lugar de tirarlos.
En 1953 Ray Bradbury publicó la que para mí es su obra cumbre: “Farenheit 451”. El título hace alusión a la temperatura a la que el papel se enciende espontáneamente: 230ºC, más o menos. Y es la historia de un bombero, pero no como lo conocemos nosotros, sino un “fireman” que así se dice “bombero” en inglés: un hombre que, en este caso, en lugar de apagar el fuego debe encenderlo. Los “firemen” de Farenheit 451 queman libros porque según el gobierno, leer libros provoca angustia. Según el gobierno, los hombres deben ser todos iguales y al comenzar a leer, se vuelven diferentes y eso los angustia. El protagonista, Guy Montag, comienza a dudar de su tarea, a pesar de que la sociedad entera, incluída su mujer, le dicen que está equivocado. La (única) información llega, por supuesto, a través de las pantallas de televisión omnipresentes en todos los hogares.  Resulta que Montag esconde una colección de libros, entre ellos una Biblia, y consigue hacer contacto con un profesor desempleado y juntos planean resucitar los libros para salir de la ignorancia. Obviamente, es denunciado por su mujer, es perseguido por el Estado y cuando logra huir, el país entra en guerra. Montag llega a un bosque habitado por académicos que se han ocupado, cada uno, de memorizar algún libro que consideren importante para imprimirlo nuevamente cuando los tiempos cambien. Los académicos circulan por el bosque y las ciudades recitando párrafos o estrofas de los libros que cada uno representa, a la espera de ese momento mágico en el que renacerán los libros. Mientras tanto, los transmiten oralmente para que no se pierdan.
Si bien el libro de Bradbury fue una respuesta directa al maccarthismo, a la quema de libros por parte del nazismo y  protesta ante las bombas de Hiroshima y Nagasaki, tanto esta obra como el cuento de Asimov tienen su granito de verdad profética.
Los libros siempre han sido objeto de persecución. Y no hablo de los autores sino del objeto material. Por supuesto, que a un autor le quemen los libros simplemente le adelanta lo que le está por pasar a él o a ella. Pero el acto de quemar un libro tiene un simbolismo terrorífico. La quema de libros está indefectiblemente asociada al terrorismo de Estado. Sea el Estado que sea. Porque no sólo los militares de la última dictadura quemaron libros. Los turcos quemaron la biblioteca de Alejandría, la Inquisición quemó libros prohibidos como el Talmud, la Santa Iglesia Católica mandó quemar Evangelios que no estaban escritos en latín: quemaron libros  el gobierno de los EEUU, el gobierno nazi, el gobierno comunista chino y el soviético; se quemaron ejemplares incunables de la Biblioteca de Bagdad cuando se saqueó el museo durante la invasión a Irak. Siempre es un acto imperdonable de violencia y un atentado contra la memoria, la educación, la historia, la tradición, el conocimiento y la libertad de expresión.
Es que Bradbury tenía razón y los libros son peligrosos. Te abren la cabeza. Te hacen pensar, y si empezás a pensar, podés pretender, por ejemplo, una vida mejor, un trabajo mejor, más libertad para elegir a tus gobernantes, más libertad para criticarlos y controlarlos; corrés el riesgo de volverte demasiado inteligente como para que te manipulen.
Al decir de un poeta del siglo XX:
“Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. (…) Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? (…)Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
El hombre inmenso que dijo las palabras que cito es Federico García Lorca, en ocasión de la inauguración de una biblioteca en su pueblo, en 1931.
No dejemos que los libros mueran. No dejemos a nadie sin un libro.

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 Mónica Sacco

 



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"ASCENSO Y CAIDA DE LA CIUDAD DE MAHAGONNY", de Bertolt Brecht o vivir para el placer



Esta vez no se trata de un autor de ciencia ficción quien anticipó el futuro, sino un autor de teatro muy  controvertido: Bertolt Brecht. Brecht revolucionó la forma de hacer teatro a principios del siglo XX. Hijo de una familia burguesa acomodada,  fue un acérrimo crítico de la burguesía y del capitalismo.
Bertolt Brecht
 Afiliado al Partido Comunista en 1929, en 1933, con el ascenso de Hitler al poder en Alemania, sus obras fueron quemadas casi en su totalidad y Brecht debió huir de su país y vivió un exilio doloroso. aunque durante ese período escribió la mayor parte de sus obras. Inclusive después de la guerra tuvo prohibido regresar a Alemania Occidental. En Estados Unidos fue perseguido por el Comité de Actividades Antinorteamericanas liderado por el senador Joseph McCarthy y tuvo que huir a Suiza. Cuando volvió a Alemania en 1948 se radicó en Berlín Oriental, donde murió en 1956. Siempre quiso que el espectador teatral pensara y tomara conciencia de su entorno social, alejándolo de los elementos anecdóticos del teatro.  Brecht tomó muy en cuenta los incipientes medios de comunicación de masas que la entonces recién nacida sociología empezaba a usar con fines políticos: la radio, el teatro y el cine. Su objetivo era alcanzar un cambio social que lograse la liberación de los medios de producción. En su obra siempre están unidos el fondo y la forma, la estética y los ideales.
Todavía hoy, su teatro es provocador, sin sentimentalismo o romanticismo y muy crítico hacia el mundo burgués.  Algunas de sus ideas pueden entenderse en estos textos:
 “Cinco dificultades para escribir la verdad[1]
Quien quiere hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer por lo menos cinco dificultades:
Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier;
la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier;
el arte de hacerla (la verdad) manejable como un arma;
criterio para escoger a aquellos en cuyas manos (la verdad)  se haga eficaz;
astucia para propagarla entre éstos.
Estas dificultades son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa.




[1] Bertolt Brecht, Schriften 2, Teil I; en Grosse kommentierte Berliner und Frankfurter Ausgabe, Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main, 1993, pp. 74-89. La traducción castellana ha sido tomada de Bertolt Brecht, El compromiso en literatura y arte; trad. de J. Fontcuberta, Península, Barcelona, 1973, pp. 157-171.
 Una más:
«Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles».
Dicho esto, vamos a la obra que nos ocupa: "Ascenso y caída de la Ciudad de Mahagonny", que es una ópera con libreto de Brecht y música de Kurt Weill. la música tiene mucho de la intensidad y los compases jazz de los años  '30 y durante mucho tiempo irritó a los espectadores, acostumbrados a otro tipo de espectáculo lírico. En este sentido, es una "sátira a la ópera y un tributo a la irracionalidad de la  ópera". Si bien los protagonistas "humanos" son tres forajidos: una mujer buscada por la policía y dos estafadores, la verdadera protagonista es la ciudad de Mahagonny, que será fundada por estos bandidos.
En algún lugar del Salvaje Oeste americano, en medio del desierto brota Mahagonny. lejos de la civilización. Sus fundadores la establecen como un lugar adonde comprar comida y bebida y comer y beber hasta morir;  comprar amor (y la referencia no es sutil: en Mahagonny sólo hay prostitutas); apostar a cualquier cosa y arreglar peleas de boxeo. A Mahagonny llegan prostitutas, delincuentes, vagos y tipos con el dinero que ganaron trabajando sin parar en algún lugar lejano  (en la ópera ese lugar es Alaska), que llegan para gastar su dinero y divertirse, sin pensar en el futoro o en las consecuencias. En Mahagonny la pobreza no es una circunstancia que el pobre atrae sobre sí mismo, sino un delito que debe ser castigado. Uno de los personajes, declara antes de morir: "La felicidad que compré no es felicidad".
 Diez años después del estreno de esta ópera (que obviamente fue silbada en todas partes del mundo y prohibida y que hoy es aplaudida de pie), una Mahagonny real nacía en medio de un desierto. La ciudad original ya existía pero todavía no era famosa ni mucho menos. Pero la llegada de un hotel casino fue el puntapié inicial para que otros emprendedores se decidieran a dar el salto al desierto que todavía estaba vacío. Hoy esa ciudad rebosa de hoteles-casino, de clubes con bailarinas de pole-dance, prostitutas de variada categoría; capillas de matrimonios instantáneos en los que un señor disfrazado de Elvis Presley te declara marido y mujer; se llevan a cabo las más famosas peleas de boxeo del mundo; las casas de empeño más grandes tienen sucursales en cada esquina. Con el dinero suficiente, se consigue cualquier cosa: ropa de vestir de las marcas más caras del mundo, cenas con cubiertos de 500 o 1000 dólares; sexo pago (el otro acá no tiene gracia), apuestas por cualquier cosa. Todo lo que se puede comprar con dinero existe acá para ser comprado.
Mahagonny existe, pero con otro nombre: Las Vegas. Y cuando se habla de generar ciudades-casino como ésta, con motivos tales como la recaudación hotelera, la recaudación de impuestos al juego y el aumento del comercio, a mí me corre un escalofrío por la espalda.  Menciono unas poquitas estadísticas como para que se pueda apreciar el peso social de estos lugares:
El diputado nacional Fabián Peralta (GEN), en su carácter de presidente de la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico, llevó adelante un relevamiento sobre las consecuencias que ocasiona la instalación del casino de Melincué en la zona de influencia.
El legislador se ha caracterizado por realizar estudios vinculados con el consumo y tráfico de drogas pero esta vez ha comenzado a analizar las tendencias vinculadas con el juego.
El muestreo, que consistió en 300 encuestas domiciliarias, se concretó entre hombres y mujeres mayores de 18 años con residencia en las localidades de Labordeboy, Bombal, Elortondo y Carreras.
Datos significativos
Del relevamiento surgen las siguientes conclusiones:
* El 73% indica que el casino de Melincué cambió los hábitos de los ciudadanos de la zona.
* El 44,8% de los consultados afirma que esos cambios fueron negativos.
* El 82,8% de los encuestados conoce a alguna persona que asiste habitualmente al casino, y el 69,4% de este grupo, asegura que dichas personas concurren diariamente.
* El 37,7% dice conocer a alguna persona que se ha perjudicado a nivel económico o familiar por la presencia del casino.
Fuente: Diario "El Litoral", nota del 24-01-2010 al dip. Fabián Peralta
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"La ópera de dos centavos" (Brecht)
Descargar " Madre Coraje y sus hijos" (Brecht)
 


Mónica Sacco

"DUNE" de Frank Herbert o el agua en el planeta


Frank Herbert es uno de los autores de ciencia-ficción más famosos del mundo. Y la fama la adquirió de un solo golpe, con la obra monumental "Dune" (Duna) que le valió, entre otros, el Premio Hugo, el equivalente en ciencia-ficción al Nobel de Literatura. Herbert plateó su epopeya en un planeta-desierto llamado Arrakis, pero al que los nativos llaman Dune o Duna porque ese es el único paisaje visible:enormes extensiones de desierto arrasado por el viento. "Dune" fue la primera gran novela ecológica, para la que Herbert creó un universo (digo bien,"universo" porque supera al planeta o a un sistema planetario para saltar a la galaxia), en el que las implicancias ecológicas o "planetológicas" como él las denominó, son la base y el objetivo de las tramas.
Entre los varios hilos argumentales de Dune aparece un ecólogo o planetólogo, que cree que el planeta-desierto puede convertirse en un lugar mejor. La necesidad crucial de Dune es el agua, cómo conseguirla, conservarla y utilizarla. El planetólogo prepara un ambicioso plan que dará frutos entre "trescientos cincuenta y quinientos años", y los habitantes del planeta, habituados a las terribles condiciones de vida, saben que ese plazo no es tan enorme, si piensan en su descendencia y lo que ésta recibirá cuando la planificación dé sus frutos.
Una de las frases de "Dune" dice: "Es por eso que la función más importante de la ecología es la comprensión de un sistema".

                                                                   Frank Herbert
Hasta aquí, la literatura. ¿Por dónde va nuestra realidad actual? ¿Qué estamos haciendo con el recurso más precioso e importante para la vida? Desde los inicios de la Historia, el agua ha sido fuente (valga la redundancia) de esparcimiento: jugamos con agua y en el agua, nadamos y nos bañamos no sólo por necesidad sino también por placer. Inventamos fuentes y juegos de agua para placer visual. En la segunda mitad del siglo XX,  aparecieron los parques acuáticos en los que el agua es la protagonista. Los hoteles y avenidas de Las Vegas, por ejemplo, ofrecen a los visitantes hoteles con aire acondicionado para soportar las altas temperaturas,  piletas de natación cubiertas y al aire libre, impresionantes espectáculos de fuentes, batallas navales, paseos en góndola...todo en medio del desierto.
Los estadounidenses usan en sus casas, alrededor de 380 litros por día de agua. En los países más pobres del mundo, millones de personas subsisten con menos de 19 litros de agua por día. El 46% de la poblacion mundial no tiene agua corriente. Las mujeres de países en desarollo caminan un promedio de 6 km por día para conseguir agua. En 15 años, 1800 millones de personas vivirán en regiones con gran escasez de agua. Hay países de África en los que se vende agua potable en bolsitas de 1 litro, porque el agua contaminada provocó una de las más espantosas epidemias de cólera en el continente, con 80.000 angoleños enfermos.
¿Sigo con las estadísticas? Una de cada 8 personas en el planeta no tiene acceso a agua limpia.
Cada año mueren 3,5 millones de personas por problemas de salud relacionados con el agua.
Lavarse las manos con jabón puede reducir la diarrea infantil hasta un 45%.
En Kenia, el gobierno manda un camión cisterna semanal para que las tribus rendille del Norte tengan algo de agua durante la sequía.
Cuando el agua abunda, en lugar de perder tiempo acarreándola desde otros lugares, se aprovecha para cultivar más alimentos, criar más animales y trabajar en actividades que generen ingresos.
(Datos: WaterAid , http://www.wateraid.org/)
Y sin embargo, continuamos contaminando alegremente el recurso de vida. Los peces pescados cerca de plantas de tratamiento de aguas residuales en varias ciudades de los EEUU contenían restos de medicamentos y de productos de tocador: antihipertensivos, antihistamínicos, derivados de antidepresivos. Todavía no son tóxicos para la salud humana, pero nadie asegura que no lo sean en un futuro. Por supuesto, en el Riachuelo no quedan peces siquiera. La contaminación es tan grande que el agua tiene el color y el olor del petróleo crudo: apestoso.
Y ya que estamos, el aumento de la temperatura promedio en la Tierra provoca un aumento de las masas de aire húmedo y caliente,  que contiene más agua que el aire húmedo y frío y es el origen de la enorme cantidad de tormentas y huracanes que azotan al planeta desde hace 20 años. Y no sólo lluvia: los glaciares, aún los de los Andes y los Himalayas, están retrocediendo. O para decirlo más claramente: se están derritiendo. Por un lado, las tormentas destruyen poblaciones, cultivos, matan al ganado y a los pobladores, acaban con la fauna salvaje. Por otro, glaciares más pequeños significa menos agua dulce, que se evapora para ir a parar a las nubes de tormenta sobre las zonas ecuatoriales. Y mientras tanto, seguimos gastando nuestros acuíferos mucho más rápidamente de lo que se recuperan naturalmente. Dos tercios del agua de los acuíferos se usan para cultivar alimentos. Pero si desmontamos las selvas (el Chaco salteño, el paraguayo, el Amazonas) para cultivar alimentos, esas tierras se agotarán muy rápido y ya no podrán retener el agua de lluvia que llena los acuíferos, con lo que conseguiremos un lindo desierto de piedra.
La demanda de agua del planeta seguirá creciendo junto con el crecimiento de la población, a menos que cambiemos nuestra forma de usarla. Si no comprendemos cómo funciona nuestro planeta y el modo en que estamos agotando alegremente nuestros recursos más preciosos ( y obvio, no hablo de petróleo, oro o diamantes), entonces, estamos condenados.
Otra vez, citando a Herbert, la función más importante de la ecología es la comprensión de un sistema.

"CYTEEN" de C.J.Cherryh o ¿el camino a la inmortalidad?


Los autores de ciencia ficción más de una vez han tratado el tema de la clonación. Arthur Clarke, en su obra ""Regreso a Titán" de 1975, menciona a la clonación como la forma de repetirse a sí mismo, al menos desde el punto de vista genético. Frank Herbert en la saga de "Duna" presenta a una civilización se se clona a sí misma para transmitirse los conocimientos secretos. Caroline J.Cherryh, otro monstruito sagrado de la sci-fi, en su obra maestra "Cyteen" de 1988, propone un paso más adelante en la clonación: la reproducción por diseño y la clonación más psicogénesis. ¿De qué hablo, me preguntarán ustedes? No es la psicogénesis que empleó el Ministerio de Educación para que los chicos intuyeran la ortografía y dedujeran qué va con b larga, v corta, s, c o z, q o k. No señor. Además, esa les salió mal y tuvieron que dar marcha atrás, pero eso es para otro domingo. Hoy hablamos de otra cosa. La psicogénesis de Cherryh hace referencia a la crianza y educación de un clon, en las mismas condiciones de vida que tuvo el humano original clonado.
 
                                                                 Caroline J. CHerryh
Todo esto, ¿para qué? Para alcanzar la vida eterna. O por lo menos, la juventud eterna. Desde lo profundo de la Historia es el deseo primero y último, el que empuja a los hombres a la hazaña. Gilgamesh fue en busca de los mismos dioses para robarles el secreto de la inmortalidad. Fausto vendió su alma a cambio de juventud. Más de tres mil años separan al gran poeta anónimo del gran Goethe, pero el conflicto es el mismo: perdurar, a cualquier costo.. Por supuesto, la inmortalidad ya estaba más o menos prevista. "Creced y multiplicaos", "el llamado de la especie" y demás que nos hacen transmitir nuestra carga genética de generación en generación. Pero al humano no le basta con asegurar la continuidad de la especie: pretende la continuidad del individuo. Se anhela la eternidad de la carne. La materia ante todo.
Tan atractivo resulta ese estilo de inmortalidad que empujó a la ciencia a arrasar con sus propias fronteras. Así, lo que en una época fue literatura de ciencia-ficción, Crick y Watson demostraron que era nada más que química;  Wilmut y Campbell dieron un paso más adelante y consiguieron replicar exactamente a Dolly desde el primer hasta el último nucleótido mediante lo que conocemos como clonación (del griego "klon": retoño). ¿Un pie en el umbral de la eternidad? Casi. Dejando de lado los molestos pruritos éticos y morales, podríamos arriesgarnos a decir que la eternización de los seres humanos está al alcance de la mano. Por lo menos, en su constitución genética o genotipo y su aspecto exterior o fenotipo. Conociendo a la especie, podemos asegurar que vamos por el buen (?) camino: hemos logrado fotocopiarnos.  
Sólo que el fascsímil no basta. Es nada más que una "réplica parental", según la definición de C.J.Cherryh, que retoma ese anhelo antiquísimo y lo lleva a un futuro — altamente probable, lo admito— en el que la ciencia ya logró prolongar la vida humana — la inmortalidad de los irracionales no nos preocupa por el momento —. Da un paso más y propone la reproducción exacta de un ser vivo. No nada más que un clon, porque en definitiva, el clon no es otra cosa que una copia física, precisa hasta las moléculas. Para "ser" y "permanecer" se debe reproducir también la mente.  ¿Se puede clonar la mente? Se puede intentar. El programa no es sencillo ni económico. Deben reproducirse con precisión todos y cada uno de los instantes de la vida del "original", hasta los detalles nimios de un resfrío o una madre castradora o permisiva. Forzar su ocurrencia, si es necesario, para que la "réplica" se convierta en un nuevo "original", con toda la carga completa de experiencias que lo convierten en su antecesor. No tu padre o madre; ni siquiera un gemelo. Se trata de convertirte en la misma persona, con idénticas ideas, sentimientos, vicios y virtudes. Literalmente, renacer. Hemos atrapado a la eternidad.
Pero, ¿a qué precio? ¿Dónde queda el libre albedrío, si nos vemos obligados a revivir una y otra vez la vida del "original"? ¿Cuándo comienza la vida del nuevo ser, si debe repetir sin lugar a error la de otro a quien sucede? ¿Cómo escapar a esa planificación absoluta? El razonamiento del planificador es impecable y no habría modo de escapar, salvo por un pequeñísimo error. El error de Kant.
Sí, es cierto que nuestra percepción del mundo nos dice cómo es el mundo y que ella es la que genera el tiempo y la condición. No sabemos si somos la mariposa que soñó ser un hombre o el hombre que soñó que era mariposa, porque nuestros sentidos podrían estar engañándonos eternamente y nosotros no comprenderlo jamás. Pero hay algo respecto de lo cual es imposible engañarnos: nosotros mismos. Tenemos la experiencia directa, que no depende de nuestra percepción del exterior. Esa percepción sin intermediarios en la que en definitiva, dicta cómo somos, qué hacemos y cómo reaccionamos ante los estímulos que provienen de esa realidad individual que nos da nuestra percepción consciente. Se le escapó a Kant, lo pensó Schopenhauer, lo confirmó Freud. Ese es el defecto que hará que la "réplica" sea, finalmente, distinta al "original". Que no respete sus deseos; que tenga nuevas ideas, diferentes, opuestas. Que, incluso, posea una moral y una comprensión de los hechos completamente diversas a las de su antecesor.
Esa es la lección de "Cyteen": la eternidad no tiene sentido para los humanos. No lo tiene porque de otro modo no habría evolución. Evolucionamos porque somos imperfectos y mortales. Intentamos mejorarnos con cada paso que da la especie, natural o artificial, pero siempre queremos más, nada más que porque no somos perfectos. La perfección es estasis;  la inmortalidad y la eterna juventud son perfección. La perfección no crea, no avanza, no se reproduce. No necesita de clones. La evolución seguirá valiéndose de herrmientas que ahora quizás nos parezcan inmorales o antiéticas, pero no se cortará los pies a sí misma. Eternizarnos a través de nuestra mente transferida a una carne renovada no es la solución. Parece tentador pero la lección puede ser terrible porque, ¿quién quiere repetir eternamente sus errores?
¿Demasiada filosofía para un libro de ciencia-ficción? Es que la ciencia-ficción es hija dilecta de la filosofía, porque nadie es tan osado como para responder a la pregunta por las causas primeras con el futuro, en lugar del pasado.



Mónica Sacco